Somos una familia de japoneses afincada en Barcelona ya hace un tiempo, mi tia ha perdido a su marido, lo cierto es una viuda caliente o eso me parece a mí. Porque desde entonces mantenemos una relación incestual muy particular entre tia y sobrino que a los dos nos complace. Resulta que poco de enviudar mi tía y quedarse sola en el piso que tienen en Barcelona, yo la visité. Le quería dar el pésame y darle mi apoyo. En realidad, todos trabajamos en nuestro restaurante Los Bienvenidos, de comida tradicionalmente japonesa y nos va bastante bien. Pero el recuerdo emocional es otra cosa.
Yo entré y ella estaba siempre como siempre, con una aspecto aún más demacrado como de costumbre, dado el momento tan trágico de la perdida de su marido, pero irresistiblemente atractiva a mis ojos. Ella me invitó a entrar, vestía de negro y algo blanco en señal de luto y muy pronto empezamos a hablar en el sofá. Yo la fui notando más que cercana y ella supongo notaría mi recepción también. Cuando nos dimos cuenta yo le acariciaba la cara en señal de afecto, y ella me correspondió acercándose aún más. Tía y sobrino en el sofá con las defensas más bajas que el Sant Andreu de regional. El plato caliente estaba servido.
Plato japonés para viuda caliente de entremés
Sin más comenzamos a estrujarnos a besarnos como si fuéramos marido y mujer. Creo que lo de la viudedad le había sobrepasado porque le escuché decirme en bajo algo así, como, lo necesitaba. Por eso yo no paré en ningún momento sabía que podía ser mi ocasión de tirarme a mi tía viuda caliente. Porque lo notaba así que pronto le desabroché lo que llevaba y mi sorpresa fue ver y sobar sus dos enormes tetas. Lo cierto que no me las imaginaba tan grandes y blanditas. Ella se dejaba hacer y yo seguía, hasta que en un momento dado me dijo, más fuerte. Por lo que intuí que le iba el BDSM o algo parecido. Así que fui al ataque.
La despojé de todo, le subí una falda que llevaba también negra ya en la cocina. Me gustó llevarla ahí y lo mejor de todo es que noté que cuanto más agresivo o dominante era yo, más gemía ella. Yo no paré, hasta la amordacé un poco y pude ver bien el coño peludo que gasta mi tita. Vaya con mi tita la peludita de la viuda.
Así que empecé a tocárselo y ella gemía más, a sobarlo y la puse también de espaldas para verle el culo. Y no me pude resistir a meterle los dedos. La polla se me empinaba así que me bajé los pantalones ahí mismo. Ella me dijo, sobrino necesito esto más que el beber.
Pues marchando cuatro tazas de licor de lagarto. Y así seguimos porque me la pude follar como ella pedía, estaba cachonda, madurita caliente, viciosa es poco. Nunca pude imaginar ver algo así, era todo un BDSM Barcelona, en este pequeño piso de viuda japonesa todo a 100.








